Sobre Nosotros
Tu pasión por el Arcade, en manos profesionales
Pasión por el Píxel
En el corazón de nuestro taller no solo hay herramientas, hay nostalgia y pura devoción. Llevamos más de 15 años dedicados a la fabricación y restauración de máquinas arcade, pero nuestra historia empezó mucho antes, la primera vez que vimos una pantalla crt y esos pixeles dando vida a universos de felicidad.
¿Quiénes somos?
Somos unos auténticos enamorados de la cultura del videojuego. No nos conformamos con montar muebles; somos artesanos que entienden que cada joystick y cada botón tiene que sentirse como en los viejos tiempos. Nuestra «locura» por lo retro nos impulsa a buscar la perfección en cada acabado.
¿Qué nos diferencia?
Experiencia Real: Más de una década restaurando y fabricando máquinas arcade. Sabemos qué funciona y qué no.
Garantía de Confianza: Estamos tan seguros de nuestro trabajo que ofrecemos 3 años de garantía. Nuestra trayectoria nos ha demostrado que nuestras máquinas están hechas para durar.
Corazón Retro: No vendemos productos, compartimos una cultura. Cada proyecto que sale de nuestras manos lleva un trocito de esa magia de los salones recreativos.
Fabricación a Medida: Si puedes imaginar tu máquina ideal, nosotros la fabricamos la máquina arcade ideal con acabados profesionales.
Segunda Juventud: Somos especialistas en devolver el brillo a tus Máquinas y Pinballs antiguos. Reparamos y restauramos todo tipo de máquinas arcade y pinball con un acabado impecable.
Garantía de Satisfacción: Nos mueve la minuciosidad. Cada proyecto es tratado como una pieza única, buscando siempre la excelencia técnica que los verdaderos aficionados demandan.
En MAD ARCADE no solo trabajamos con máquinas; preservamos recuerdos. Somos una empresa referente en el sector con un equipo experto dedicado a la fabricación, restauración y venta de Arcades y Pinballs.
Ya seas un particular buscando el rincón de juegos perfecto o una empresa que quiere organizar un evento inolvidable, en MAD ARCADE cuentas con la seguridad de un trabajo bien hecho.
El equipo MAD ARCADE
No tenemos vidas extra, pero sí créditos infinitos de locura, pasión y dedicación por los arcades
Angel
Pinball Thief
Angel
Pinball Thief
Puesto oficial: Ingeniero Jefe de Restauración y Cirujano de Bobinas.
Puesto real: Guardián del Multiverso Electromecánico y Salvador del Millón de Puntos.
Hay quien dice que Ángel no nació en un hospital, sino dentro del mueble de una Twilight Zone abandonada, y que su primer llanto sonó como el inicio de una placa Williams de 1993. Sea como sea, la realidad es que Ángel no eligió el pinball; el pinball lo eligió a él.
Entrar en su taller es lo más parecido a visitar a un científico loco de los años 80. Rodeado de olor a resina, soldadores y pantallas de tubo, Ángel realiza intervenciones a corazón abierto en máquinas que muchos daban por muertas. Tiene un sexto sentido (u "Oído Absoluto de Relé") capaz de detectar una pista quemada o un muelle flojo con solo escuchar el zumbido del transformador. Su mayor orgullo es limpiar tres décadas de grasa de bar hasta que el tablero brilla tanto que podrías peinarte en él.
Para Ángel, un pinball no es solo un mueble con luces; es física pura, gravedad, madera que vibra y metal que choca. Odia a los que maltratan las máquinas con un tilt violento y es inmune a los calambrazos de 50 voltios tras años de batallas electrónicas. Su única debilidad son las placas devoradas por el ácido de las pilas viejas, su némesis definitiva.
Si tu máquina favorita vuelve a pitar, a brillar y a lanzar la bola con la fuerza perfecta para salvar la partida en el último segundo, no es magia: es Ángel y su soldador de estaño devolviéndole el alma al acero. ¡Larga vida al rey del millón de puntos!
David
Arcade Thief
David
Arcade Thief
Puesto oficial: Técnico de Montaje y Especialista en Sistemas Arcade.
Puesto real: Creador de Portales Interdimensionales a los años 80 y 90 y Defensor del Insert Coin.
Si Ángel es el cirujano del metal y los relés, David es la pura energía que le da vida a las pantallas. Este chaval llegó al taller con una sonrisa imbatible y una misión clara: demostrar que la verdadera felicidad no se encuentra en el mundo real, sino medida en una resolución de 320x224 píxeles con una tasa de refresco perfecta.
David ha encontrado en la fabricación y restauración de muebles arcade su verdadera pasión, y se le nota en los ojos cada vez que enciende un monitor. Para él, montar una cruceta de joystick o cablear una botonera Sanwa no es trabajo; es una sesión de terapia que le genera una felicidad absoluta. Su alegría es tan contagiosa que es capaz de animar hasta a la placa base más deprimida del taller.
Entre sus superpoderes destacan una velocidad supersónica para crimpar cables sin mirar y la capacidad de configurar emuladores y refinar modos de vídeo con los ojos cerrados para que los juegos se vean exactamente como los recordabas en los recreativos de tu barrio. Su mayor enemigo (su Final Boss particular) son las burbujas que intentan colarse al pegar los vinilos decorativos; David las combate con una espátula y una paciencia que ríete tú de los monjes shaolín.
Si tu nueva máquina arcade responde al milisegundo cuando esquivas un disparo, si los colores del mueble brillan con una energía espectacular y si el sistema arranca con una fluidez pasmosa, es porque David ha puesto toda su pasión (y un par de temazos de música ochentera de fondo) en su creación. ¡El chaval que fabrica la felicidad botón a botón!
Dani
Design Thief
Dani
Design Thief
Puesto oficial: Diseñador Gráfico de Vinilos y Configurador de Sistemas de Juego.
Puesto real: Guardián de la Estética Pixelada, Domador de Código y Arquitecto de Menús Infinitos.
Si Ángel es el cirujano electromecánico y David la pura energía del montaje, Dani es el cerebro híbrido del taller: un espécimen único capaz de debatir durante horas sobre la paleta cromática exacta de un vinilo retro y, acto seguido, pasarse la noche entera escribiendo scripts para optimizar el arranque del sistema. En resumen, es el encargado de que las máquinas entren por los ojos y funcionen con la precisión de un reloj suizo.
Por un lado, es el artista. Diseña vinilos y marquesinas que harían llorar de emoción al mismísimo creador de Space Invaders. Domina el Photoshop y el Illustrator como si fueran extensiones de sus manos, adaptando ilustraciones míticas a las complejas curvas de madera de cada mueble con precisión milimétrica.
Por el otro, es el programador. Una vez que el exterior está impecable, se sumerge en las entrañas de silicio para dar vida a los sistemas de juego. Configura los frontends, optimiza emuladores para que no haya ni un ápice de input lag, y programa menús de selección tan fluidos e intuitivos que hasta tu abuela sabría cómo echar una partida al Tetris.
Entre sus superpoderes destacan el "Ojo Clínico del Píxel" (detecta un vinilo mal alineado a diez metros de distancia) y la capacidad de compilar software mientras renderiza archivos gigantescos sin que su cerebro sufra un pantallazo azul. Su némesis particular son los sistemas operativos que deciden actualizarse solos justo cinco minutos antes de entregar una máquina.
Si tu arcade no solo es una obra de arte visual digna de museo, sino que además arranca con una suavidad celestial y responde al instante, es gracias a su mente creativa y binaria. ¡El hombre que viste a la máquina por fuera y la dota de mente por dentro!
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